La Frontera: de inadaptados, improvisados y oportunistas

Esta fue mi séptima temporada consecutiva en la costa argentina, más precisamente en Costa Esmeralda. Desde aquella temporada previa a viajar a Nueva Zelanda para el GS Trophy 2020 -y la llegada del Covid- que ni bien termina la Navidad nos instalamos allí hasta fin de enero, y en una mezcla de vacaciones y trabajo pasamos algunos de los mejores días del año. Somos unos afortunados totales, lo sé, pero no damos esto por sentado y valoramos mucho el esfuerzo que significa esta movida.

Es una linda época para pasar más tiempo con la familia, es el mes en el que me dedico a hacer mucho deporte y en el que destino todo el tiempo que puedo a estar con mi hija, a la que desde hace 3 o 4 años le estoy enseñando a manejar, por ahora, vehículos de 4 ruedas. Maneja mi camioneta, sentada en mis faldas en la que yo tengo control total de los pedales y también maneja un carrito eléctrico de golf, que tiene una velocidad máxima de 30 km/h, ahí sí con control total de volante y pedales. Me interesa que aprenda, que tenga la máxima familiaridad y sensibilidad con los vehículos y que de a poco se vayan convirtiendo en una extensión de su cuerpo. Y durante el año, cada vez que bajo a una calle de tierra, Isabel pasa a sentarse en mis faldas a manejar.

Hoy está por cumplir 8 años, y todavía le falta un montón, pero siento que año a año su feeling con los vehículos va evolucionando, su entendimiento del entorno es mejor y su fineza en el tacto y en el trato del vehículo va para el lado correcto. Todavía no cumplió 8 años y usa los espejos como algo natural, algo que una enormidad de adultos con licencia habilitante no hace. Vamos despacito, 100% concentrados y no nos interesa hacer giladas para las redes sociales. Mi idea es que a algo tan importante en nuestras vidas como es manejar, un auto o una moto, una habilidad necesaria que nos va a acompañar por dos tercios de nuestras vidas, como mínimo, hay que darle la importancia que se merece, y no esperar a los 17/18 años o más para aprender y que a lo que más importancia le dan esa saber estacionar.

El primer verano en la costa fui con una BMW F750GS con cubiertas off-road. La verdad es que no tenía mucha idea de andar en la arena, y los chicos del equipo me habían recomendado entrenar eso. Había mucho menos gente en Costa Esmeralda que ahora, y todas las tardecitas salía una hora con la moto a la playa y los médanos. Siempre vueltas cortas, siempre a la vista de la gente por si tenía que pedir ayuda. Si se me enterraba la moto en el medio de la nada no la iba a sacar solo. De a poco fui mejorando, ganando confianza, andando más rápido y controlando la moto de mejor forma. Ese verano fue clave para encarar el viaje a NZ.

Después del GS Trophy volví totalmente cebado y para mis 40 años me regalé una moto de enduro. Con esa moto fui el verano siguiente y ya empecé a frecuentar lugares donde poder sacarle el jugo. El prime de Costa Esmeralda, el Circuito Coto y el Letu, donde se corre el Enduro del Verano. Siempre me sentí bastante seguro andando por esos lugares. En el de Costa iba con la moto andando, en los otros cargaba la moto en la camioneta y la bajaba al lado de la pista, pero siempre fueron lugares donde las motos y los cuatris circulaban en el mismo sentido y encontrarse con alguien perdido de frente era bastante raro. No digo que no pasó, pero las primeras vueltas siempre son de reconocimiento y sirven para ver cómo viene la mano con el tráfico. Nunca me pegué un susto y nadie de mis amigos con los que salgo en moto se lastimó, más allá de los golpes que nos dimos por nuestra cuenta.

Un día, volviendo desde Cariló a Costa Esmeralda en la moto, por la playa, llegando a La Frontera se me ocurrió hacerme una pasadita por La Hoya, el lugar a donde todos los pisteros se juntaban a armar picadas y acelerar a fondo sus fierros. Siempre pensé que era algo parecido a lo que hacíamos con las motos, solo que en un lugar más poblado y con más variedad de vehículos, pero que mantenía, como en el resto de los lugares, un sentido de circulación. Bastó con pararme unos segundos arriba de una de las lomas que rodean la zona para darme cuenta el nivel de caos y peligro constante que dominaba el escenario. Duré unos pocos minutos contemplando ese desastre y me fui. Nunca más volví a pasar por ahí, al menos en verano.

Una de las cosas que más me interesa de enseñarle a manejar a mi hija, además de que lo haga de la mejor forma y disfrute de estar al mando de tan maravillosas máquinas, es que entienda el nivel de responsabilidad que ello conlleva y el peligro al que uno se expone si no lo hace de manera prudente. Claramente se puede andar a fondo en un vehículo con una sonrisa de oreja a oreja, pero es importante hacerlo en el lugar y en las circunstancias propicias. Hacerlo en la vía pública, en una ruta o autopista, o en una hoya de unas pocas hectáreas rodeado de cientos de vehículos que andan a fondo en cualquier dirección, no solo no tiene sentido sino que además aumenta exponencialmente las chances de que suceda algo muy grave.

Solo por citar un ejemplo, en el Enduro del Verano largan 600 motos en una carrera en la arena, todos juntos, aficionados, amateurs y profesionales. Alguno que otro se golpea, claro está, pero rara vez pasa algo grave. Todos los pilotos circulando en el mismo sentido, todos con protecciones de pies a cabeza, y nadie se lastima.

En los últimos años, la zona de La Frontera se fue poblando más y más con camionetas, que cada vez llegan más potentes y enfierradas, con UTVs -en realidad son SSV- y con motos y cuatris, también enfierrados hasta la manija. Y todos los veranos las malas noticias no tardan en llegar. Este año la más sobresaliente fue la de un chiquito de 8 años al que subieron a un UTV sin usar cinturón de seguridad -solo el chiquito, los demás iban todos atados- y en el que chocaron de frente contra una chata. El resultado obviamente fue catastrófico y el chiquito se encuentra en un estado bastante delicado al día de hoy, al punto que todavía no lo han podido trasladar al Garrahan, donde quieren llevarlo.

Desde ese lamentable episodio, La Frontera nuevamente tomó mucha relevancia mediática y, obviamente, no hay nada que les moleste más a los funcionarios públicos -intendentes, gobernadores, policía, etc- que encontrarse expuestos en los medios. Y desde ahí comenzó una seguidilla de medidas improvisadas, la mayoría en formato de controles y multas, que apuntaban a mostrar que los responsables sí se ocupan y que ahí se encontraban presentes justificando su sueldo, su posición y cuidando de nosotros.

Esta mañana nos levantamos con una nueva noticia, la prohibición de circulación en el sector de la frontera de camionetas, UTV, cuatriciclos y motos haciendo lugar a una medida cautelar solicitada por Pablo Martínez Carignano, ex titular de la ANSV, en el juzgado de Dolores, firmada por el juez Marcos Fernando Val. El texto de la medida dice, básicamente, lo siguiente:

Hacer lugar a la medida cautelar solicitada, suspendiendo con normas constitucionales y legales aplicables, todo tipo de actividad referida a pruebas de destreza, competencias formales o informales, eventos recreativos motorizados, carreras, picadas, cualquiera sea su modalidad, en la zona conocida como “La Frontera” y en particular “La Olla” –La Hoya-, realizadas con vehículos 4×4, UTV, cuatriciclos, motos o cualquier otro tipo de vehículo, hasta tanto se garantice el cumplimiento de condiciones adecuadas de seguridad y control.

Y me parece que este párrafo resume, de alguna forma, la esencia de todo esto. Es muy difícil controlar a una banda de inadaptados a través de una manga de improvisados que le allanan el camino a un oportunista que solo está buscando hacerse de capital político.

La clave está en la educación, real, profunda, con visión de largo plazo, sobre lo que significa manejar y desenvolverse en el tránsito y en la comunidad. Pero parece que eso no lo vamos a entender nunca. Acá lo importante es que sepas estacionar en paralelo y con eso zafas para aprobar el exámen. Después salen a la ruta y no saben hacer un sobrepaso a un camión, y dudan, y se la ponen de frente o pasan cientos de kilómetros atrás del camión haciendo colas. El otro día la hija de nosequién le estaban enseñando a manejar en una calle de tierra en el medio del campo, no importa si la calle era adentro o afuera del campo, no había absolutamente nadie. Y en lugar de felicitar a esa madre o padre que se estaba encargando de que su hija aprenda a manejar desde chica le suspendieron la licencia.

No sabemos agarrar una rotonda, no le cedemos el paso al peatón en la esquina porque venimos más fuerte, no sabemos mantener nuestra derecha, no usamos los espejos, no mantenemos distancia de seguridad, usamos mal las indicaciones de luces y un montón de no más. Cómo vamos a pretender que estas cosas no sucedan. Como siempre, hay que empezar por casa.

M.A.

***

4 respuestas

  1. Comparto la estructura de su último párrafo.
    Quizás no definiría así a los implicados sino que seria “algo” mas duro; aunque tengo la sensación de que asado de por medio los calificativos que ud. profesaría serían muy similares a los míos.
    Obviamente que para publicar una nota no los puede usar, pero comparto esos hipotéticos epítetos que me estoy imaginando.

  2. Comparto con el articulo, pero me parece totalmente irrelevante.
    Cada uno asume su riesgo, nadie permanece en ese lugar en contra de su voluntad y tampoco es un lugar de paso obligado como lo via publica, con lo cual me parece que gastar recursos del estado para “cuidar” a 1500 tipos en la misma Argentina en donde te pegan un tiro para sacarte una moto en el puerta de tu casa es innesesario.

  3. Perdón pero son muchísimos, no sólo una banda de inadaptados. Los que no pudieron ir por la razón que sea y los giles que van a verlos, contribuyendo agrandarles el ego a los pelotud#s esos.
    La medida de las multas y demás impuesta por el municipio es para la gilada. Ahora con esta cautelar sale el intendente a quejarse del daño económico que se genera en la ciudad. Qué es lo único que le importa. Recaudar.
    Mayor hipocresía no se me ocurre.

  4. Lo único lamentable es que siempre hay victimas inocentes, como ese nene.
    Gran parte son new rich que necesitan mostrar sus juguetes nuevos (con potencias que por lo general no dominan), y otra gran parte cacos que caen con vehículos robados o están fichando que se pueden robar.

    No se si existe pais con geografía mas hermosa, extensa, y variada que este. Hay “circuitos” de sobra para despuntar el vicio o andar fuerte en serio. Yo creo que si te gusta ese tipo de deporte no hay excusas para caer en lugares así a figurar.

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