Aniversario de una epopeya: A 10 años del récord de RVM en unir Ushuaia y La Quiaca

Desde tiempos inmemorables que el hombre ha buscado superar a sus semejantes y también a sí mismo. Justo en estos días estoy leyendo un libro de Sebastian Letemendia que se llama Cita en la Cumbre, y que relata no solo la experiencia del autor en sus intentos por escalar el Fitz Roy, sino la historia de los primeros alpinistas -o andinistas en este caso- que trataron de hacerlo hasta que lo lograron. Estamos hablando de principios de los 1900, con el nivel de equipamiento que se imaginarán, todo rústico y pesado para encarar un clima recontra hostil, con hielo, nieve, lluvia. Me imagino a los tipos pasándola pésimo ahí en el medio de la montaña, todos mojados, llenos de ampollas y pesados tratando de escalar una pared de piedra y hielo con sogas y cuñas de madera. Una locura pensada para gente que está hecha de otro material.

Mismo el Dakar que acaba de ganar Luciano Benavides, histórico para nuestro país y con el desenlace más ajustado de la historia por tan solo 2 segundos. El piloto argentino corrió con la rodilla derecha rota de punta a punta y coronándose campeón y el australiano Daniel Chucky Sanders tuvo un accidente en la etapa 10 en la que se rompió la clavícula, una costilla y el esternón -de hecho lo están operando en estas horas- y lejos de abandonar el tipo continuó la competencia hasta el final, terminando quinto en la general. Parece que estamos hablando de otra especie de seres humanos.

En esa línea fue la idea que tuvo Roberto Vicente Martínez para marcar el récord en unir las dos localidades más extremas de nuestro país en cuanto a los límites sur y norte del territorio argentino en el menor tiempo posible. El pasado 11 de enero a las 8.22 de la mañana –hora de La Quiaca, jaja- se cumplieron los primeros 10 años de aquella odisea cumplida por el, seguramente, más motero de todos los directivos de la industria de la moto en Argentina. Roberto Martínez unía los más de 4500 kilómetros que separan a Ushuaia de La Quiaca en menos de 75 horas…un detalle, en moto.

El primer intento, y también quizás la semilla que sembró toda esta locura de los desafíos, fue en 1995. Esta vez fue con 4 pilotos y un auto de apoyo que se iban alternando. Uno manejaba la moto, otro manejaba el auto, los otros dos dormían, y cada 300 kilómetros rotaban las posiciones. No había GPS sofisticados, no existían las redes sociales para hacer un vivo y compartir lo que sucedía minuto a minuto, y todo fue un poco artesanal, pero el espíritu siempre fue el mismo. El resultado fue 76 horas y 37 minutos. No solo se marcó un tiempo, también se marcó un camino a seguir.

En 2015, el guerrero volvió a la ruta partiendo desde La Quiaca. Habían pasado 20 años y muchos ya habían colgado los guantes, pero Roberto apuntó a hacerlo en solitario. Un piloto solo y ningún tipo de apoyo. Mayor exigencia, mayor imprevisibilidad, una prueba mucho más dura. Al igual que con los que querían escalar el Fitz Roy, el clima patagónico tomó protagonismo y complicó la maniobra, porque se perdió el ferry para cruzar desde el continente a la isla. Este rival inesperado y el desgaste físico se hicieron sentir. El tiempo final fueron aproximadamente 88 horas. En palabras de Roberto no fue una derrota sino un recordatorio: la ruta siempre tiene la última palabra. Obviamente que la llama siguió encendida.

El 8 de enero de 2016 a las 5.45 de la mañana Roberto Vicente Martínez volvió a encender el motor de la primera RVM en Ushuaia y tres días después, el 11 de enero a las 8.22 de la mañana, cruzaba el cartel de La Quiaca con una mezcla de cansancio, emoción y triunfo. Hace ya 4 años que entrevistamos a Roberto por primera vez y nos contó su experiencia completa como motociclista, incluyendo los desafíos de unir Ushuaia con La Quiaca. El cronómetro marcó 74 horas y 37 minutos, su mejor marca histórica y un récord que hasta hoy se recuerda con mucha admiración.

Pero además los raids de Martínez no fueron simplemente aventuras para un motociclista que buscó superar sus propios límites físicos y mentales, también fue una prueba extrema para las motos de RVM que encontraron en su propio dueño a su mejor embajador. Sacar una moto desde Ushuaia recorriendo más de 4.500 kilómetros hasta La Quiaca con el frío y el viento patagónicos, los calores del medio de La Pampa, San Luis y Córdoba, las noches interminables y la altura del norte, no es una prueba menor para cualquier moto. Fue un exámen más que exigente, y ante ese exámen también fue una victoria para Roberto y su RVM 600 monocilíndrica. Además de prometer que sería la última vez que lo haría.

Para que entendamos un poco el calibre del logro. Hace no mucho tiempo Iván Cervantes, múltiple campeón mundial de enduro, hoy devenido en piloto y embajador de Triumph, logró hacer 4.000 kilómetros en 24 horas arriba de una Tiger 1200 GT Explorer. Es un montón, claro que sí. Después uno se pone a analizar los preparativos y el marco en el que lo hizo y entiende que se trató de un deportista de elite, 5 veces campeón mundial, súper entrenado, dentro de un óvalo de casi 13 kilómetros, con un asfalto impecable todo peraltado en el que podía llevar la moto a 200 km/h hasta que le quedara la última gota de nafta y cargar combustible al milímetro con todo un equipo técnico detrás.

Roberto tuvo que calcular combustible con la autonomía de la moto y un pequeño bidón y la disponibilidad de estaciones de servicio, haciendo cola para cargar nafta, viajando a velocidades legales o por debajo de ellas con las valijas cargadas, por las rutas argentinas, parando a descansar en turnos de 4 horas, sacando fotos y contestando mensajes de los que seguían su odisea y con todos los imprevistos y condiciones climáticas que una ruta con zonas tan diferentes te puede arrojar. Una locura.

Las grandes gestas todavía requieren de tiempo, coraje y una convicción inquebrantable. El récord alcanzado por Roberto Martínez en su desafío Ushuaia – La Quiaca fue el inicio de todo esto, y RVM la continuidad del camino.

¿Qué camino? Se preguntarán muchos aquí. Bueno, ese espíritu es el que hoy define a RVM, la marca argentina que nació justamente de esa experiencia. Cada kilómetro de aquel recorrido se transformó en aprendizaje, y cada aprendizaje en una decisión en el desarrollo para las motos de RVM. Hoy, diez años después, la marca celebra ese logro no solamente como un recuerdo personal del piloto, sino como un pilar fundamental del su ADN.

  • Pasión por los desafíos reales
  • Tecnología aplicada a la aventura
  • Desarrollo argentino con visión internacional
  • Compromiso con la calidad y la evolución constante

Porque en el marco de este aniversario la marca argentina se encuentra en su momento más desafiante, con nuevos modelos en camino y con un objetivo histórico: RVM será la primera marca nacional en competir en el Dakar en 2027. Como para seguir con los desafíos y que la llama no se apague nunca.

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